La lactancia materna como prevención de la obesidad infantil

  • LACTANCIACO

La lactancia materna es el método óptimo de alimentación del lactante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad y acompañada de alimentos complementarios apropiados hasta los dos años de edad o más.

El pecho es alimento, amor, refugio, calor, protección, consuelo y alivio del dolor, sin olvidar la satisfacción emocional que supone para el bebé y la importancia que tiene para su desarrollo. Amamantar estrecha el vínculo afectivo madre-hijo/a.

En la actualidad, estamos lejos de la recomendación de la OMS, de la American Academy of Pediatrics (AAP) y del comité de Pediatría de la Asociación Española de Pediatría (AEP) de amamantar de forma exclusiva hasta el sexto mes de vida. A pesar de conocer los beneficios de la LME, Europa, con un alto nivel sociocultural, tiene una de las tasas más bajas del mundo. Menos del 14% la mantiene un período de seis meses, excepto Suecia y Noruega, que tienen cifras muy altas (mas del 60% LM exclusiva al 4º mes),y en Latinoamérica es del 38%. España, según los datos del INE, no alcanza el patrón óptimo recomendado por la OMS.

El amamantamiento es un hecho biológico sujeto a modificaciones por influencias sociales, económicas y culturales de cada época y país. Con la irrupción en el mercado de leches artificiales y su publicidad se pasó del 90% a poco más del 20%.

La duración y frecuencia se relacionan con factores como la edad de la madre, la paridad, el nivel de educación, el grupo étnico, el tabaquismo, el trabajo, el nivel sociocultural, los ingresos familiares, dónde se nace, el tipo de parto, el estado de salud del recién nacido, entre otros. La frecuencia de succión y el entorno social son fundamentales para el éxito.

La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial caracterizada por un aumento de la masa grasa y, por lo tanto, del peso corporal, como consecuencia de un balance energético positivo mantenido en el tiempo.

El grupo internacional de trabajo en obesidad (IOTF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ladefinen como la epidemia del siglo XXI por las dimensiones adquiridas, su impacto sobre la morbimortalidad, la calidad de vida y el gasto sanitario; además del coste directo de su tratamiento y los gastos indirectos que ocasiona junto a sus efectos colaterales.

En España este problema ha aumentado muy significativamente, llegándose a multiplicar la tasa de obesidad infantil por cuatro (pasando así del 5% en 1982 a aproximadamente el 20% alcanzado en 2011).

La prevalencia de la obesidad infantil y juvenil española ya alcanza el 14%, situándose a la cabeza europea, después de países como Estados Unidos y Reino Unido, entre otros.

Los datos publicados por el INE-ENS reflejan el IMC en población infantil, siendo, en ambos sexos, más alto de 5 a 9 años.

En el Congreso Nacional de la Asociación Española de Pediatría de 2011 se conoció el incremento de casos de hipertensión arterial y diabetes, producido por el aumento de sobrepeso y obesidad infantil.

La etiología de la obesidad es compleja debido a los múltiples factores implicados en ella, como son los factores genéticos, ambientales, neuroendocrinos, metabólicos, conductuales y estilo de vida.

El índice de masa corporal (IMC) proporciona lamedida más útil de la obesidad. Se calcula dividiendo el peso de una persona (expresado en kilogramos) entre su talla al cuadrado (expresado en metros).

Además se debe conocer la distribución regional de grasa, llevando a cabo la medición de los pliegues cutáneos y de los perímetros de cintura y cadera. Se considera que los niños con un IMC mayor al percentil 95 son obesos, y los situados entre el percentil 85 y 95 tienen sobrepeso, y, por tanto, riesgo de obesidad.

La prevención de la obesidad infantil necesita de una estrategia que se ponga en marcha a edades tempranas, incluso antes del nacimiento. Como profesionales de la salud debemos ser conocedores para informar y educar a los padres en todo lo relacionado con ella. Es necesario, por tanto, trabajar en el campo de la promoción, fomentar la LM por sus innumerables ventajas tanto nutricionales como inmunológicas y psicológicas.

Un metaanálisis mostró que la lactancia materna reduce el riesgo de obesidad en la niñez de manera significativa y parece tener un efecto protector, pequeño pero constante, contra la obesidad infantil. Otros autores llevaron a cabo un metaanálisis de los últimos estudios existentes, de la duración del amamantamiento y el riesgo de sobrepeso y se asoció inversamente con el riesgo de sobrepeso. Los resultados apoyan firmemente una asociación dosis-dependiente entre una mayor duración de la lactancia materna y la disminución del riesgo de sobrepeso en la infancia y posiblemente en la edad adulta. Los lactantes no amamantados presentan un incremento del 20% en riesgo de sobrepeso y un 25% en obesidad, respecto a los amamantados; con una relación dosis respuesta. Otros autores, en otro metaanálisis, indicaron que la leche materna es un factor que influye en el buen crecimiento y desarrollo infantil. Tanto los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo presentan cambios en el estilo de vida que comprometen la nutrición y están en la llamada transición nutricional. Esta transición se asocia con mayor morbimortalidad por causas cardiovasculares, diabetes tipo II y ciertos tipos de cáncer. Existe unanecesidad global de prevención de estas enfermedadescrónicas desde la infancia por medio de una nutriciónadecuada.
Problemas de coherencia entre distintas gráficas, basadas en la mayoría de lactantes alimentados con sucedáneos y la evidencia científica de las ventajas de la LM, llevaron a la OMS a elaborar un nuevo patrón de crecimiento infantil.

Los lactantes alimentados al pecho aumentan más de peso en los primeros tres meses y menos en los siguientes y se dedujo que los patrones de referencia existentes no describían adecuadamente el crecimiento fisiológico normal del lactante sano alimentado y criado en condiciones óptimas. Ello podría conducir a la toma de decisiones erróneas en el manejo nutricional de los lactantes, como recomendar la introducción de suplementos innecesarios o incluso a la suspensión de la LM. Por tanto, era un patrón inadecuado y en 2006 se puso en marcha el nuevo patrón de crecimiento Infantil de la OMS. Ahora se dispone de gráficas realizadas por la OMS y son referencia para el control del crecimiento de todos los lactantes.

La composición de la leche materna es importante, como indican varios estudios. Los niveles de leptina de la leche materna protegen al lactante de la excesiva ganancia de peso. La leptina (hormona presente en la leche y la sangre, regula el consumo de comida y el metabolismo energético) es un factor que podría explicar el riesgo de obesidad a largo plazo en los niños que han sido alimentados con lactancia artificial (LA) (que no contiene leptina) con respecto a los alimentados con lactancia materna exclusiva (LME).

Además, el consumo temprano de proteínas en cantidad superior a los requerimientos de niño
puede inducir a una posterior obesidad infantil. La leche de fórmula contiene mayor concentración de proteínas que la leche materna. La ingesta proteica es considerablemente superior en los lactantes que consumen leche de fórmula y en aquellos en los que hay una introducción precoz de la alimentación complementaria.

Los alimentados con fórmulas artificiales presentan concentraciones más altas de insulina, factor que se asocia a un mayor depósito de tejido adiposo y contribuye a la ganancia de peso. Esto se debe a la mayor cantidad de proteínas en las fórmulas artificiales.

Entre las hormonas presentes en la leche materna que influyen en el metabolismo y desarrollo corporal destacan, entre otras, la leptina, la ghrelina, la adiponectina.

La leptina es una hormona sintetizada en el tejido adiposo y en las glándulas mamarias y su función es regular la ingesta y el gasto de energía. Tiene un efecto anorexígeno, ya que activa señales de saciedad y disminuye la sensación de hambre. Hay datos que indican que la leptina comienza durante el crecimiento y desarrollo fetal. Los niños alimentados con LM presentan concentraciones más elevadas de leptina que los alimentados con LA y esto se debe al paso de esta hormona a través de la leche materna.

La ghrelina es una hormona producida en la mucosa gástrica cuya función es estimular la ingesta de alimentos; es decir, un efecto orexígeno, y también se encuentra en la leche materna y puede influir en el comportamiento de la alimentación infantil y en la composición corporal. Asimismo se observan concentraciones séricas de ghrelina mayores en los que reciben LA.

La leche del final del amamantamiento a demanda es más concentrada en grasa. En el curso normal de la LM, el contenido en lípidos de la leche aumenta con la duración de la toma y satisface al lactante al cabo de 10-15 minutos.

La LME se asocia a una menor prevalencia de sobrepeso y obesidad. Los niños con una lactancia materna mixta hasta los seis meses son los que tienen mayor peso a los doce meses , y esta asociación es mayor en aquellos con una LME más prolongada.

En suma: los niños que se alimentan más tiempo con LME tienen un menor riesgo de sobrepeso
y obesidad.

La obesidad infantil no conlleva ningún efecto beneficioso, predispone al niño a la inmovilidad, inactividad y evoluciona hacia la obesidad en adulto. El lactante obeso muestra un retraso en la curva del desarrollo, o, al menos, un retraso en la adquisición de las habilidades motoras básicas.

El Grupo Europeo de Obesidad Infantil (ECOG) apoya a la OMS sobre Normas del niño en crecimiento desde cero a cinco años, señalando la importancia de los primeros años de vida, su crecimiento y salud en el futuro.

Hay evidencia de que los sujetos que fueron amamantados tienen un IMC discretamente menor. Una mayor ingesta energética a los cuatro meses se asoció con un mayor IMC a los cinco años entre los alimentados con lactancia artificial (LA) o complementaria, pero no entre los alimentados con LME.

Existen varios períodos críticos relacionados con el aumento del riesgo de obesidad en la infancia y también asociada en la edad adulta.

1. Período fetal. Algunos autores encontraron una relación entre bajo peso al nacimiento y morbimortalidad por enfermedad cardiovascular en la edad adulta.
El sobrepeso y la obesidad materna se asocian con el sobrepeso infantil del hijo y la obesidad de este en la edad adulta.

2. Primer año de vida. El peso del recién nacido y la alimentación en esta etapa influyen en el exceso de peso durante la infancia y adolescencia. Los niños alimentados con LME tienen menor riesgo de desarrollar obesidad que los lactados artificialmente y este efecto protector aumenta con su duración. El lactante alimentado al pecho es más capaz de autorregular su alimentación que el que recibe leche de fórmula.
La peor situación metabólica relacionada con el desarrollo de obesidad se presenta en los recién nacidos de bajo peso que ganan rápidamente. Una mayor ganancia de peso con LA antes de los cuatro-seis meses de vida, se correlaciona con una menor duración de la LME.

3. Rebote adiposo. Normalmente, las cifras del IMC disminuyen a partir del primer año de vida hasta los cinco o seis años de edad en que aumentan de nuevo, esto se conoce como rebote adiposo y se lo ha relacionado con el desarrollo de obesidad infantil.

4. Adolescencia. Supone otra de las etapas de riesgo; la probabilidad de un niño obeso de convertirse en adulto obeso aumenta del 20% a los cuatro años a un 80% en la adolescencia.

CONCLUSIONES
• El sobrepeso y la obesidad en la infancia y la adolescencia constituyen un gran problema de salud.
España es el 4º país de la Unión Europea con mayor número de niños con problemas de obesidad.

• La mayoría de artículos revisados concluyeron que alimentar al recién nacido con leche materna exclusivamente está asociado a un menor riesgo de sufrir obesidad infantil. Esta asociación es mayor si el amamantamiento es más prolongado.

• La LME hasta los seis meses es un factor importante de prevención de la obesidad infantil. Debe ser objetivo de las políticas de salud pública por su contribución en el problema de la obesidad infantil y, por consiguiente, de la edad adulta.

• Otros factores asociados que pueden favorecer la obesidad infantil son: la obesidad parenteral, nivel social bajo, madre fumadora, duración de la LM, la concentración de leptina (a mayores niveles de leptina menor riesgo de obesidad) y podría explicar el mayor riesgo de obesidad en los niños alimentados con leche artificial (no contiene leptina) respecto a los alimentados con leche materna.

• La OMS y UNICEF proponen diez pasos para una LM con éxito.

• Son necesarios programas específicos de promoción de la lactancia materna desde Atención Primaria, a través de programas materno-infantiles desarrollados por matronas y enfermeras de centros de salud.

• Debemos trabajar desde la Educación para la salud a través de programas de salud en Atención Primaria y ello nos plantea grandes retos como profesionales sanitarios.

• Estas conclusiones sientan las bases para desarrollar un programa de promoción de la lactancia materna.

• No obstante, es preciso seguir trabajando en investigación sobre lactancia materna y obtener más evidencias científicas que confirmen esta relación de la lactancia materna como factor de prevención de la obesidad infantil.

Fuente:
MEDICINA NATURISTA, 2017;
Vol. 11 – N.º 1: 47-54
I.S.S.N.: 1576-3080

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